Carrito

Todos nuestros quesos son de forma cilíndrica recta, pudiendo las caras superior e inferior ser ligeramente convexas.

La corteza es compacta, con el típico grabado de zigzag que recuerda al dibujo de los antiguos cinchos de esparto, y de un color que varía del amarillento al ceniza oscuro.

El interior del queso se presenta firme y compacto igual que la corteza, sin presencia de ojos o con escasos ojos (de origen mecánico) repartidos de forma desigual.
Su color varía del blanco marfil al amarillento pajizo.

Su tacto es más fino y más húmedo cuanto más tierno es el queso, volviéndose más seco y rugoso cuanto más curado está. En general, es también poco elástico.

Su aroma es moderado y suave con notas de lácteos acidificados que se intensifica según se aumenta en curación, pudiendo percibirse notas picantes en los más viejos.

En boca los más jóvenes se sienten firmes, llegando a sentirse duros los más viejos, variando también las sensaciones de desmenuzado y granulosidad, más ligeras en los más tiernos y más marcadas en los curados. Masticables, nada gomosos, harinosos, con menor o mayor sensación grasa según aumenta su edad.

Su gusto es moderado a leche de oveja, que se vuelve más intenso cuanto mayor es su curación, con aumento de los matices picantes de igual manera, pudiendo asemejarse a los sabores de granos (cereales o leguminosas secas) o frutos secos. Ligeramente ácido y correcto de sal, con una persistencia media a larga.


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